lunes

cuatro caramelos

Los chicos de al lado están jugando en la pileta. Los vi por encima de la muralla cuando venía de tomar la merienda en la casa de Luisito. ¡Con el calor que hace! Yo le pedí a los reyes magos una de esas, y no sé por qué se la trajo a ellos y a mí me mandaron una cartita con los cuatro caramelos diciéndome que no me podían dar ni una pileta chiquitita porque "no alcanzaba para todos los nenes". Pero para Martín, el nene de al lado, sí alcanza. Mamá me dice todo el tiempo que me porte bien para que los reyes y papá Noel me traigan regalos, y yo me porto bien, pero a Martín siempre le traen lo que quiere, y encima es re malo y en la escuela siempre nos pega en especial a Luisito porque es chiquito y él es re grande porque repitió segundo grado y ahora que pasó a tercero se cambió a mi escuela y es re malo les pega a las nenas a veces también le pega a Lila y me dan ganas de pegarle pero no le pego porque seguro que se enoja y me mata sí me mata una vez a Gonzalo le hizo sangrar la nariz y de ahí no me junté más con él porque es re malo y a veces nos saca los lápices porque él los pierde y los muerde todos y no me los quiere dar porque dice que si no no puede hacer la tarea pero nunca hace la tarea y encima cuando le digo a la seño no le importa y le pregunta por qué nos saca los lápices y él le dice que es para hacer la tarea entonces la seño nos dice que seamos buenos compañeros y le prestemos y entonces le decimos que él nos pega y también a las nenas y también les tira del pelo y también le tira el pelo a Lila y me dan ganas de pegarle pero la seño espera al recreo y nos dice que tengamos paciencia y que juguemos con él que es así porque es nuevo y se quiere integrar al grupo y no sabe cómo y por eso quiere llamar la atención y nos pega y nos trata mal y nos saca los lápices y le pega a Lila y le pega a Lila y le tira del pelo y yo le quiero pegar y me pongo a llorar porque no puedo pegarle porque me molesta todo el tiempo y a mis amigos y a Lila y a las otras nenas pero la seño nos dice miren como juega tranquilo con los autitos y sí porque sabe que está hablando con nosotros si cuando se da vuelta él la mira y después cuando se va nos viene a decir que no le digamos más nada a la seño y le paga a Juancito en la panza para que les quede claro dice y se va otra vez la molesta a mi hermanita Lila y encima ella está en segundo y nosotros en tercero y él repitió y le tira del pelo y yo no entiendo por qué los reyes magos le traen la pileta y yo me tengo que mojar con la manguera en el patio y él jugando con sus hermanotes que seguro que le enseñan todas esas cosas y también le trae los videojuegos papá Noel y a mí me parece que deben ser malos los reyes y papá Noel y como él también es malo le traen las cosas a él y a mí me traen cuatro caramelos que encima les convidé a la tía Josefina y a don Armando que me trajo una pelota de trapo y a Lila porque estaba llorando porque le asustan los cohetes y el otro me lo quedé para mí y le voy a mandar de nuevo el papelito del caramelo a los reyes y les voy a escribir una carta para decirle que al tonto de Martín le traen la pileta esa gigante y a mí estos cuatro caramelos y seguro que no van a estar cuando llegue la carta porque seguro Martín los invitó a su pileta y se van a reir de mí porque lloro y porque tengo ganas de pegarle y encima les pega y a Lila también y también le tira del pelo y no sé por qué los reyes le traen a él la pileta y a mí estos cuatro caramelos de porquería.

domingo

algo sin importancia

La cobarde se acurrucó entre las mantas de los perros. Se pasó horas así. Les contó todos sus pesares a los cachorritos mientras los abrazaba y acariciaba. La madre de éstos, apiadándose de la pobrecita, la alimentó con su propia leche. Después de un rato, un poco más compuesta, se fue al almacén. Compró todas las galletitas de la góndola. Sólo para disimular, se llevó hasta los estantes y volvió a su casa.
El chino, tan feliz de haber obtenido una importantísima cantidad de dinero por parte de esta señorita que, al parecer, estaba sufriendo una tremenda alteración emocional, se fue para el fondo del local, absolutamente rígido.
La esposa, muy preocupada, echó amablemente a todas las personas que estaban comprando, regalándole a cada una los productos que habían agarrado hasta entonces, y se dirigió muy temerosa y lentamente hacia donde había ido su marido. Antes de llegar frente a la puerta, ésta estalló en miles de millones de pedacitos por el terrible golpe que el chino le había propinado con su katana. La mujer se excitó tanto al verlo aparecer con su armadura samurai (ya que en realidad no era chino, sino japonés), que se lanzó sobre él, haciéndolo caer de espaldas al piso con ella encima. Cuando estaba a punto de comenzar a desnudarlo, el chino le dio tal puñetazo en el vientre, que la lanzó directamente al techo, en donde rebotó para terminar en los brazos de su esposo, quien ya estaba de pie para recibirla. Se sintió tan cómoda en él que casi se durmió al instante; pero estaba más enamorada que nunca de su guerrero, así que se quedó mirando sus ojos un largo rato (él nunca la miró), mientras la llevaba cargando por todas las calles del barrio. Tras varios minutos de mirada, decidió cerrar los ojos y apoyarse sobre el hombro del chino, disfrutando del dulce olor de su katana oxidada.
Emma, que todavía estaba en pijama, desayunaba muy tranquila. Su madre la mandó a comprar polenta. Ella salió y se fue para el almacén del chino. Los chicos de la esquina se rieron al verla pasar en pijama, y ella no entendió cómo les podía causar gracia su nuevo y hermoso corte de pelo. Cuando llegó al almacén vio que estaba cerrado, con la persiana baja y candados, pero entró igual, de una forma tan irrealmente fantástica que ninguno de los peatones pudo advertir. Todas las luces estaban apagadas y faltaba la góndola entera de las galletitas. Para justificar esto se le ocurrió una historia muy graciosa sobre una chica deprimida que se había comprado toda la mercancía faltante, algo de una espada vieja y al chino llevando a upa a la china. Se cayó al piso sumergida en su propia carcajada (producto de la estrafalaria situación que acababa de imaginar), que fue tan larga y potente que hizo que se le caigan todas las bolsas de azúcar, una por una, en la cabeza. Se comió uno de los paquetes, agarró la polenta y se dirigió a la caja. Se paró del lado donde estaría la china y dijo ‘’dos con ochenta’’, intentando igualar el acento de la cajera habitual, en un tono que sonó italiano. Sonrió y se felicitó a sí misma por la fiel imitación acababa de realizar, puso diez pesos en la caja, se dio su propio vuelto y se fue a su casa. Dejó la polenta y se fue a la casa de su novio, todavía en pijamas.
Se fueron juntos al parque Avellaneda, donde se pasaron toda la mañana haciendo batallas con sus barriletes. Se besaron varias veces, pero en ningún momento se dirigieron la palabra. Ese día no le importó tener que ir a la escuela.

sábado

bailarina


Danza al compás del silencio,
no se detiene ni por puta,
baila y baila sin detenerse,
tierra y cielo se disputan
mientras ella espera nunca
quién la lleva al paraíso,
mas no saben que en el piso
más que un ave ella vuela.

Dios te salve, María,
llena bailas de gracia,
y aunque muchos te envidien
graciarás toda la vida,
sin sufrirte la fatiga
de volcarte maquillaje
por esos hermosos pasajes
de tu rostro de divina,
celestial y femenina
de tu lado más amable.

Dios te salve y te guíe
y te vigile por las dudas
pero que no se entrometa
en tu elegante camino,
él no escribió tu destino
y lo hará menos ahora,
ahora que estoy yo contigo,
princesita de amapola,
flor hermosa de mi tierra,
flor de eterna primavera.
Basta ya de tus prejuicios,
no eres flor para la hoguera.

Baila, baila, baila y baila,
no te detengas jamás, nunca.
En la sombra se descubre
de tu cuerpo, el deseo;
del deseo, el anhelo
de danzar hasta la muerte,
sabe ella, no te lleve;
danzarás toda la vida.
No te olvides, tú, mi niña,
más que eso y más tú puedes.
No lo olvides, para siempre
danzas tú en el alma mía.

viernes

florencia

— ... bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla .
Le doy un beso.
— Claro, me das un beso para que deje de hablar, ¿no?
Le doy un beso.
Nos brota una carcajada.

jueves

como en esa canción infantil

¡Ey! ¡Señor! ¡Señor Conleche! ¡Eh! ¿Cómo le va, Arroz Conleche? ¡Tanto tiempo que no lo veía! ¿Qué cuenta de su vida? ¿Todo tranquilo? Y yo acá... bien, como dicen... ''tirando por no aflojar'', ¿vio? Pero qué cosa, ¿eh? Encontrarlo justo acá. ¿Sabe qué? Le cuento. Me estoy por casar. Sí, sí, no parece, ¿no? Hace ya mucho tiempo de eso... buenos tiempos. Pero ahora se vienen mejores. Sí... es una señorita muy guapa, ¿sabe? La conocí en un viaje que hice hace ya varios años a San Nicolás. Sí, ¿usted se acuerda? Buenos tiempos aquellos. Bueno, y desde ahí más o menos que andamos juntos y ahora decidimos casarnos. Sí... es toda una belleza. Y toda una compañera. Además es costurera, bah, ''modista'' le dicen ahora, ¿vio? Y sí, como andan las cosas. Sabe coser y bordar. ¿Qué más puede pedir uno? Sí... y timbera. Sí... no se imagina. Abre la puerta y se va a jugar, así nomás, apenas llega. Pero compañera, sobre todo compañera. Sí, es lo que uno necesita hoy en día. Es el próximo mes. Sí, no dude que estará invitado, sí... puede venir con su familia si quiere. Bueno, no lo quiero molestar más, señor Conleche. Muchas gracias por hacerse un momentito para hablar conmigo, ¿eh? Sí, disculpe que lo haya molestado. Sí, sí, muchas gracias. No hay de qué. Suerte, pibe, nos vemos pronto.

miércoles

0

mientras
tierra
cuenta
¿siguieron?
durmiendo
¿después?
¿continuaron?
tiempo
pudieron
partió
dientes
subió
pidió

¿Un breve descanso, tal vez?
¿Y si después no hay nada?
No vamos a volver,
vamos a volar y a pintar,
a colorear,
a pasear en bicicleta con los brazos abiertos.

martes

alter ego


Tu inesperada sorpresa me provee de un temor que aprendí a gozar. Tus ojos ingenuos se muestran atónitos. Ambos corazones, el mío y el tuyo, palpitan con más fuerza y rapidez. Tus gritos, llenos de horror y blasfemia, conforman el verdadero silencio. Los míos, dignos de un satisfecho lujurioso, arquean tus facciones al extremo. La pasión hace que mis extremidades actúen por instinto. Tus extremidades ya no te pertenecen. Tus dioses nos observan en el centro de su orgía. Mi mente flota y bucea en el éxtasis, en el clímax. Tu cerebro apenas decodifica amistad y odio, pero va aminorando el dolor. Tus dioses estallan en llantos de risas. Ambos corazones, el mío y el tuyo, se detienen precipitadamente, pero únicamente el mío vuelve a palpitar, saturado de satisfacción.

lunes

reproche religioso

El señor no es mi pastor, algo me debe faltar;
el señor no es mi pastor, en algo he de fallar;
el señor no es mi pastor, él no es homosexual;
el señor no es mi pastor, él limita mi disfrutar;
el señor no es mi pastor, más que a nadie a él debo amar;
el señor no es mi pastor, sólo órdenes me da;
el señor no es mi pastor, nada le puedo confesar;
el señor no es mi pastor, todo lo que hago está mal;
el señor no es mi pastor, me educó sin libertad;
el señor no es mi pastor, porque le faltan las patitas de atrás.

domingo

paraludero

Naranjas paisajes de la naturaleza.
Rojos cielos, decorados en el fondo por un arco
iris de fetas de jamones, quesos y salames.
Dioses imperfectos e inmaduros
que sacuden las tierras y preparan bizarras bebidas en sus
respectivos cócteles. Impuros pecadores
gozan, ahogándose con el
dulce sabor de las llamas del paraíso. Árboles parlantes,
absolutamente ignorantes, perfectos músicos
de jazz. Ferias americanas
gratuitas en donde
nadie
busca ropa. Saladix con gusto a cenizas, cada una de un color diferente.
Desastres incomparablemente violentos y
aburridos. Dos más dos nunca da cuatro.