jueves

como en esa canción infantil

¡Ey! ¡Señor! ¡Señor Conleche! ¡Eh! ¿Cómo le va, Arroz Conleche? ¡Tanto tiempo que no lo veía! ¿Qué cuenta de su vida? ¿Todo tranquilo? Y yo acá... bien, como dicen... ''tirando por no aflojar'', ¿vio? Pero qué cosa, ¿eh? Encontrarlo justo acá. ¿Sabe qué? Le cuento. Me estoy por casar. Sí, sí, no parece, ¿no? Hace ya mucho tiempo de eso... buenos tiempos. Pero ahora se vienen mejores. Sí... es una señorita muy guapa, ¿sabe? La conocí en un viaje que hice hace ya varios años a San Nicolás. Sí, ¿usted se acuerda? Buenos tiempos aquellos. Bueno, y desde ahí más o menos que andamos juntos y ahora decidimos casarnos. Sí... es toda una belleza. Y toda una compañera. Además es costurera, bah, ''modista'' le dicen ahora, ¿vio? Y sí, como andan las cosas. Sabe coser y bordar. ¿Qué más puede pedir uno? Sí... y timbera. Sí... no se imagina. Abre la puerta y se va a jugar, así nomás, apenas llega. Pero compañera, sobre todo compañera. Sí, es lo que uno necesita hoy en día. Es el próximo mes. Sí, no dude que estará invitado, sí... puede venir con su familia si quiere. Bueno, no lo quiero molestar más, señor Conleche. Muchas gracias por hacerse un momentito para hablar conmigo, ¿eh? Sí, disculpe que lo haya molestado. Sí, sí, muchas gracias. No hay de qué. Suerte, pibe, nos vemos pronto.

miércoles

0

mientras
tierra
cuenta
¿siguieron?
durmiendo
¿después?
¿continuaron?
tiempo
pudieron
partió
dientes
subió
pidió

¿Un breve descanso, tal vez?
¿Y si después no hay nada?
No vamos a volver,
vamos a volar y a pintar,
a colorear,
a pasear en bicicleta con los brazos abiertos.

martes

alter ego


Tu inesperada sorpresa me provee de un temor que aprendí a gozar. Tus ojos ingenuos se muestran atónitos. Ambos corazones, el mío y el tuyo, palpitan con más fuerza y rapidez. Tus gritos, llenos de horror y blasfemia, conforman el verdadero silencio. Los míos, dignos de un satisfecho lujurioso, arquean tus facciones al extremo. La pasión hace que mis extremidades actúen por instinto. Tus extremidades ya no te pertenecen. Tus dioses nos observan en el centro de su orgía. Mi mente flota y bucea en el éxtasis, en el clímax. Tu cerebro apenas decodifica amistad y odio, pero va aminorando el dolor. Tus dioses estallan en llantos de risas. Ambos corazones, el mío y el tuyo, se detienen precipitadamente, pero únicamente el mío vuelve a palpitar, saturado de satisfacción.