Rojos cielos, decorados en el fondo por un arco
iris de fetas de jamones, quesos y salames.
Dioses imperfectos e inmaduros
que sacuden las tierras y preparan bizarras bebidas en sus
respectivos cócteles. Impuros pecadores
gozan, ahogándose con el
dulce sabor de las llamas del paraíso. Árboles parlantes,
absolutamente ignorantes, perfectos músicos
de jazz. Ferias americanas
gratuitas en donde
nadie
busca ropa. Saladix con gusto a cenizas, cada una de un color diferente.
Desastres incomparablemente violentos y
aburridos. Dos más dos nunca da cuatro.
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