domingo

yavinfinito

Acá en el norte
(tierra de los perros marmolados)
hay un pueblito
muy lindo y pequeño él
le dicen Yavi

además de su belleza casi infinita
Yavi tiene muchas particularidades
que comparadas con mi pegajosa ciudad natal
clasifico como rarezas

las casas son todas (o casi todas) de barro
ladrillos de barro unidos por barro
también son de barro sus murallas
algunas de ellas
en vez de estar coronadas contra posibles maleantes
con hileras irregulares de botellas rotas
dejan brotar en su parte más alta
una incontable cantidad de cactus diminutos

hay un hombre con la cara deformada
de un lado por una cicatriz
del otro por un buche enorme de coca
que se pasea casi sin fin en un auto
con un cartel en el parabrisas que reza vendo
en una ida y vuelta constante
por este pueblo de tan pocas cuadras

hay una niñita
una casi encargada de casa
que se queda hasta las tres de la mañana mirando la gata salvaje
que le gusta mucho dormir
que nunca sueña pero cuando sueña lindo es con Jesús y la interrumpen
que cuando canta canta canciones de la iglesia
que no se quiere enamorar ni casarse
que cumple el 15 de febrero y está feliz de que no sea el 14

hay un local
cuya entrada dice despensa comidas
adentro hay una señora muy amable y simpática
que sirve desayunos almuerzos meriendas cenas y otra vez desayunos
extremadamente baratos
y te deja quedarte a ver karate kid 4
cuando ya terminaste de merendar
y te despide siempre con una sonrisa

hay un camino no muy largo
sí muy hermoso
que te lleva hasta un pueblo más chico
al que llaman Yavi Chico
que no tiene ni una plaza
y muy pocas sombras guarda
(en especial a la hora de la siesta)
bajo esos árboles llorones
que a veces están al borde de un terreno privado
que tiene un burro
que te mira fijo
que se te acerca sin que lo notes
que te gruñe casi como un carnívoro
para llegar a ese pueblito
y también para quedarte y para volver
lo único que tenés que repetir incansablemente es
buenas

hay (lástima que haya) un proto-porteño
andá a saber de dónde es
muy canchero el tipo
que vende colitas de zorro hechas con cordones
que imita a locutores y relatores de fútbol
que invita a coger a una señora que conoció hace media hora
a los gritos
en la calle principal
pero no usa la palabra coger
qué vivo él

hay unas montañas petisas
al lado del río
donde uno escucha la eterna y constante caricia del viento a los árboles
y el gracioso revoloteo de unos pájaros de juguete
y los gritos de apellidos del partido
y unos aullidos de chanchos
y la voz interior
que seguramente suene más feliz
y más madura

hay una lluvia suave
que a veces dura tan poco que cuando la notás ya se fue
y a veces dura tanto
que acompaña la siesta musiqueando el techo de chapa
y tanto más dura
que también te canta el arrorró
te tapa bien con la bolsa de dormir
te da el beso de las buenas noches
y te despierta a la mañana siguiente con unos mates

hay una chica
una persona
en un bar
que dos o tres veces me engañó
imitando increíblemente por un instante ínfimo e inolvidable
la imagen de la Maga
haciendo caso omiso del tiempo y el espacio
olvidándose de la debilidad de los mortales

hay una placita
con un cartel en la entrada que dice
los patitos
las únicas personas que la habitan
son
una mujer disfrazada de chola
y dos hombres disfrazados de militares
con bigote y todo
que estacionaron justo enfrente dos vehículos enormes
monstruosos y destructivos

no hay señal en todo el pueblo
pero si uno sube al cerro
que no es difícil
puede ver
a Yavi convertido en maqueta
las gigantes y caricaturescas nubes
las largas cadenas de montañas áridas y nevadas
un atardecer que exagera el cielo con sus pinceladas de acuarelas rojizas
y de yapa
se pueden mandar unos mensajes cariñosos
o llamar y avisar que la vida sigue
más hermosa y apunada que de costumbre.