jueves

cartuchera azul

En la casa de mi madre, que supo ser también la mía, más aún durante la infancia, hay una cartuchera con todas sus herramientas de manicura y pedicura. Todos en la casa la nombramos la cartuchera azul. Era muy normal que un domingo a la hora de la merienda alguien dijese “¿me traés la cartuchera azul?”. Esta cartuchera siempre ocupó el mismo lugar en su habitación: del lado derecho del placard, en el estante justo arriba de la tele.
Desde hace algunos años, ir a buscarla genera para mí un instante especial de soledad que aprovecho para sacar del mismo estante repleto de cosas que casi no se usan el álbum de fotos de ese único cumpleaños de quince al que fuimos juntos. ¿Te acordás el frío que hizo y que no conocías casi a nadie? ¿Y lo mucho que bailamos? Hay dos fotos, casi al final, en las que saliste especialmente linda. Por si no te alcanzaba ya con ser todos los días la persona más hermosa que conozco, agregaste dos instantes específicos en los que condensaste toda la belleza de todos tus tiempos. En la primera se te ve muy resuelta, “fresca” como dirían las viejas. La clave creo que está en la mirada y la curva que forman los labios hacia uno de los lados. En la otra, para ser objetivos, estás un poco menos linda (como si se pudiera ser objetivo con la belleza), pero tu sonrisa denota tanta alegría que me resulta imposible mirarte y no acompañar siempre tu gesto con todo mi amor.

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